Luis Soza se aventura hacia la esencia de Misiones con su disco Afectos

El licenciado en Música y docente, Luis Soza, lanza su primer disco solista con un amplio recorrido sobre recuerdos de la infancia, familia y amigos, entre canciones en las que se destacan los paisajes relatados con la compañía de las vertientes sonoras que forman parte de la tierra colorada. “En la música nunca se para de aprender”, aseguró el ex integrante de la banda Ruta 66 y Los Mitá.

El licenciado en Música y docente Luis Soza presenta su primer material discográfico solista, denominado Afectos, con el cual se aventura hacia la esencia misionera en la mezcla de sonidos característicos de la región y la descripción lírica que recuerda memorias de la infancia en San Javier, momentos de viajes y mudanza, y el valor del arraigo en los sitios donde formó su educación y profesión, siempre acompañados por la magia del paisaje de la tierra colorada.

El disco contiene nueve canciones y será lanzado en los próximos días a través de las plataformas digitales. También se producirá una versión limitada en formato físico.

Influencia familiar y crecimiento

Sobre las influencias para su formación musical, Luis Soza retrocedió el reloj de las memorias hasta la numerosa casa familiar de San Javier que compartía con sus padres y nueve hermanos.

Mi papá era músico, tocaba la guitarra, el acordeón, cantaba, tenía conjuntos de chamamé y animaba bailes populares en el interior. Me crié en la costa del Uruguay. Mi mamá era brasileña. Estábamos en una zona donde la interculturalidad se vive de una manera muy profunda”, recordó.

Por ello, presenció momentos eternizados sobre ensayos de su padre junto a otros músicos, las comidas compartidas y bailes que se armaban con la llegada de los entusiasmados vecinos.

“En aquel entonces, San Javier no tenía muchas opciones de entretenimiento, entonces cuando se armaba algo era un gran evento. Mi casa era un foco de encuentro para los barrios de alrededor, constantemente había música, danza y amigos”, aseguró.

Primeros pasos de Luis Sosa

Sobre los estilos musicales que primaban en aquellos encuentros que despertaron su curiosidad autodidacta por la música, contó que “el chamamé estaba siempre presente, pero no era el único tipo de música porque cerca de la costa también se escucha mucho lo que es el valerón, rancheras, y valseados, que provienen del lado de Brasil”.

“La primera agrupación que integré fue con mis hermanos. Empecé a mostrar mi interés y ciertas actitudes con la música, y comencé a cantar. Ellos tocaban guitarra, me dieron el bombo leguero y hacíamos zambas, chacareras y cuecas, por ejemplo”, indicó.

“En la adolescencia descubrí algo que iba a ser determinante en mi audición y mis gustos, el rock. Después me encontré con el heavy metal y eso me marcó desde los 13 a los 23 años”, relató sobre el abanico que se abría hacia los sonidos foráneos.

“Cuando tenía 13 años armamos con mi hermano la primera banda de rock que tuvo San Javier que se llamó Cementerios Rock, con composiciones propias. Tocamos mucho por la zona, pero la inconsistencia es algo muy típico de la adolescencia. Armé otra banda de death metal, éramos tres locos”, detalló entre risas y agregó que “eso duró hasta los 18 años cuando empecé a incursionar en otros géneros musicales que tenían más que ver con lo bailantero y encontré con quien hacer música”.

Experiencias y estudios

El acercamiento hacia otros subgéneros de la región, como el gualambao y la galopa, apareció con la mudanza a la capital provincial para avanzar con sus estudios sobre ritmos, acordes, solfeos y partituras en la Escuela de Música.

“Cuando estudié música mi cabeza se abrió bastante y el panorama se volvió más diverso. No estaba solamente en un género musical. Dejé el prejuicio de lado e incursioné en diversos géneros por tener que estudiarlos. Encontré un montón de riquezas que me llevaron a escuchar de otra forma los tipos de músicas que se tocaban en los bailes populares”, reconoció.

“Estuve en Posadas hasta el 2007, cuando empezó la aventura de Ruta 66 con quienes tuvimos la suerte de trabajar muchísimo. Tuve que dejar la banda por un problema de salud en el 2013. Cuando me recuperé, decidí volver a tocar e integré un grupo que se llamaba Che Menino de Oberá, que hacía música gauchesca y sertaneja”, contó Luis Soza.

En la continuidad del camino musical en 2016 fue invitado a formar parte de Los Mitá. “Grabamos el DVD que se presentó en el Centro del Conocimiento, estuvimos varias veces en el Festival del Litoral, fuimos al Cosquín, ganamos en la peña de Baradero y adquirimos el derecho de participar del escenario mayor”, dijo.

El momento de decidir dar un paso al costado llegó como efecto de las diversas complicaciones que provocó la pandemia para los quehaceres sociales. Pero también creció la idea de impulsar el proyecto solista.

Vuelta a la composición

El avance de la pandemia provocó colapsos en diversos aspectos a nivel mundial y dio un duro golpe para los artistas musicales con las medidas sanitarias que implicaron el aislamiento social y la prohibición de eventos de concurrencia masiva.

Soza sostuvo que “fue muy chocante el hecho de estar todos los fines de semana tocando de acá para allá, viajar e interactuar con la gente, y de repente pasar a que todo el mundo esté encerrado”. En esa etapa el músico avanzó “con la resiliencia para encontrar algo positivo en una faceta que la había dejado olvidada, que es la composición”.

“Cuando integraba un grupo que se llamaba Banda Corazón, en Alem, fui bastante participe de las composiciones. Es la banda que después dio lugar a Ruta 66 con la suma de nuevos integrantes”, aclaró.

Además, “algunas canciones me gustaron mucho como para dejarlas guardadas pensando en nuevas versiones, como por ejemplo, la canción ‘Mamá y Papá’ que está en el disco Afectos ya la había grabado en el 2003 en ritmo de vals, pero siempre tenía la idea de hacerla más como vals peruano con otra cadencia, más síncopas, y un ritmo más compuesto y complejo”.

“Lo mismo pasa con otras canciones del disco que ya estaban ahí guardadas para ser utilizadas en algún momento. El año antepasado compuse 5 canciones más y completé Afectos, mientras ya estoy trabajando en la grabación de un segundo disco también con composiciones mías”, adelantó.

Afectos hecho canciones

Sobre el primer trabajo discográfico solista próximo a estrenarse bajo el nombre de Afectos, comentó: “Siendo del interior y al siempre buscar la posibilidad de interactuar con el ambiente y el contexto, encontré en el gualambao y la galopa un idioma y una estética lírica y musical que me permite manifestar las ideas”, para “hablar de los afectos y del arraigo que uno siente con ciertos lugares”.

“Entre las canciones hay ritmo de gualambao, galopa, vals peruano, incluso hay algo parecido a la bossa nova que nos identifica con la zona fronteriza”, afirmó.

En el mismo sentido, sostuvo que “uno siempre lleva en la memoria aquellas cosas que lo marcan. En Afectos las canciones hablan de esas vivencias, la infancia, los amigos, el ir a pescar al río, jugar al fútbol bajo la lluvia, caminar por el monte, andar en bicicletas y subir a las picadas”.

Sobre el proceso de producción, Luis Soza remarcó que “uno de mis hermanos tiene un estudio de grabación en San Javier. Nos encontramos una vez por semana, entonces entre mis horarios libres de trabajo le damos rienda suelta a nuestra imaginación. De ahí salieron las grabaciones de estas canciones”.

Además, describió que su instrumento predilecto es el bajo. “La gente sabe que soy bajista, pero el que me conoce un poquito más ve que toco la guitarra, batería, teclado, hago percusión, estudié violoncello. Siempre que me encuentro con algún instrumento el principal reflejo y la idea es que saquemos un poco de sonido”.

Así, en la grabación del disco “todos los instrumentos que puede tocar los toqué, otros los toca mi hermano. También convoqué músicos sesionistas que por suerte tengo muchos amigos que son músicos, entonces pudimos hacerlo completo”.

Enseñar y aprender

Luis Soza es docente en institutos y escuelas secundarias de Leandro N. Alem y San Javier. “Dediqué bastante tiempo al conocimiento de la música y sin embargo todavía sigo aprendiendo constantemente. Soy muy autodidacta en esas cuestiones, porque en la música nunca se termina de aprender”, opinó y añadió que “tengo que formarme porque si soy un docente no puedo no estar al tanto de lo que manejan los chicos hoy en día. Tengo que conocer de qué se trata y ver cómo se relaciona con lo que yo tengo para enseñar”.

“Encontrar la forma de que los chicos reciban un mensaje a través de la música es todo un desafío. Ellos están muy al tanto de toda la información que existe en cuanto a la música que consumen, y esa es la estética que aceptan y respetan. Muchas veces hablar de otras cosas queda medio anacrónico, pero los chicos cuando tienen la posibilidad de conocer algo demuestran que también les puede gustar, que encuentran una belleza en las letras y las melodías”, finalizó al valorar la interacción con sus alumnos en una constante fluidez de enseñanza y aprendizaje.

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